
La resistencia colectiva al cambio
La negación
Artículo 2/6
El Primer Bastión Contra el Cambio
El ciclo de duelo se activa con la negación ante la evidencia. No importa si se trata de la partida de un ser querido, el fin de una era política o incluso el cierre de una empresa, el cambio siempre implica dejar atrás algo conocido. Este segundo artículo explora la fase de la negación, la primera reacción ante la incertidumbre de lo nuevo.
Cuando hablamos de organizaciones o estructuras sociales, la negación se presenta como un mecanismo de defensa.
Es el primer bastión que construyen los sistemas para protegerse de la disrupción.
Es más sencillo negar la necesidad de una transformación que asumir que el statu quo ya no es viable.
En un mundo corporativo, esto se traduce en líderes que minimizan las señales de mercado que indican la decadencia de su modelo de negocio.
En la esfera social, se ve reflejado en comunidades que niegan la necesidad de cambios legislativos o culturales a pesar de la creciente presión interna y externa.
La negación no es meramente un capricho; es una respuesta natural ante el miedo de perder la identidad.
Para el individuo, negar la realidad de un cambio necesario es una forma de retener un sentido de control y seguridad. Sin embargo, esta etapa no se detiene en un simple «no veo el problema».
La negación se vuelve activa y reactiva, atacando y desacreditando a quien o quienes representan la verdad del cambio. A los primeros mensajeros, quienes se atreven a señalar que el rumbo debe ajustarse, se les acusa de alarmistas, de extremistas, e incluso de traidores.
La negación, lejos de ser una posición pasiva, es un acto defensivo: se tejen narrativas que pintan un mundo donde los cambios no son necesarios y donde cualquier iniciativa de adaptación se ve como una amenaza, más que una oportunidad de evolución. En este sentido, las organizaciones tienden a protegerse con muros de burocracia, perpetuando prácticas obsoletas e ignorando signos de crisis.
Los individuos, por su parte, evitan las conversaciones difíciles, buscando excusas para no mirar de frente la necesidad de transformación.
Pero ¿por qué es tan potente esta fase? Porque asumir el cambio es aceptar que lo que conocíamos, lo que dábamos por sentado, ya no existe más. Y esa es una verdad que la mayoría no quiere enfrentar.
Al entender la negación como la primera fase del duelo en el cambio, reconocemos que este es un momento crucial: si no se desmorona, las siguientes etapas del duelo no pueden tener lugar.
Si se vence esta resistencia, comienza el verdadero proceso de transformación. Pero, por otro lado, si la negación se consolida, la organización, la persona, o incluso la sociedad completa, queda atrapada en una ficción que se va haciendo cada vez más insostenible.
En el próximo artículo abordaremos la fase de la ira, donde, una vez que la negación falla, la reacción se vuelve violenta, en un intento desesperado por recuperar la estabilidad perdida. Será muy interesante descubrir los caminos y las formas que teje la ira para atacar al inevitable cambio.
Juan Darío Mercere García
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