
La Gran Mentira
Una Mirada a la Falsa Protección en las Relaciones
En una sociedad que valora cada vez más la comunicación y la transparencia, (quizás esta sea la primer gran mentira) resulta paradójico que la mentira piadosa siga siendo una práctica común.
Este acto, que implica decir una falsedad bajo la pretensión de proteger los sentimientos de alguien, parece a primera vista un gesto de cuidado. Sin embargo, en la mayoría de los casos, esconde un evasivo miedo al conflicto y una incapacidad para enfrentar la verdad, representando no solo un engaño momentáneo sino una gran mentira estructural en nuestras interacciones personales.
Esta práctica en las relaciones interpersonales no jerarquizadas es en sí misma es un acto en la que el individuo puede valorar de acuerdo con su percepción dada la igualdad entre las partes. ¿Pero, qué ocurre cuándo la ejerce una persona con una supuesta autoridad?
Supongamos, que tenemos una entrevista de trabajo y nos responden que tienen que ver a otras personas y que ya nos avisarán. Evidentemente, el entrevistado encontrará lógica la respuesta y quedará expectante a una posible llamada o email. Esto, en sí mismo, no sería nada grave si fuera una verdad. Pero, si el entrevistador ya lo ha descartado y no se lo ha dicho, es un acto de no solo de falta de consideración, sino que también es un acto manipulativo y desgastante para quien alberga una esperanza que carece de verdad.
En este plano relacional, la sociedad actual está llena de ejemplos de esta conducta de los prometedores seriales, que aún a sabiendas de que lo prometido jamás sucederá, se sienten piadosos actuando de esa manera, cuando en realidad no lo son.
El Engaño Benevolente: ¿Protección o Proteccionismo?
La mentira piadosa se presenta a menudo como un escudo; un medio para evitar el dolor o el malestar que podría causar una verdad incómoda. Quienes la practican argumentan que es un acto de benevolencia, un pequeño sacrificio de la verdad por el bienestar emocional del otro. No obstante, si se examina más de cerca, esta práctica revela una falta de respeto hacia la persona a la que se supone protege, subestimando su capacidad para manejar realidades difíciles y privándola de la oportunidad de enfrentar y crecer ante los desafíos.
El benevolente mentiroso, no es más que una persona que se esconde en su propia cobardía con un propósito altamente egoísta, que es el de dejar una puerta abierta a una posibilidad que, en el caso de producirse, solo le beneficiaría a él.
La persona que ejerce esta práctica, parte siempre de una premisa falsa, y es la de creer que su mentira no será descubierta, porque considera ser más “listo” que el receptor de su acto manipulativo, cuando en realidad en primer lugar no es nada “listo” porque solo será cuestión de tiempo de que los hechos evidencien sus malas artes y carencia de coraje o profesionalidad.
El Costo Oculto de las ‘Buenas Intenciones”
El impacto de las mentiras piadosas va más allá del momento en que se descubren. A corto plazo, pueden parecer inofensivas o incluso útiles, pero a largo plazo erosionan la confianza, uno de los pilares fundamentales de cualquier relación sana. La confianza quebrada por revelaciones de verdades ocultas lleva a cuestionamientos sobre qué más podría estar siendo distorsionado o suprimido. Este deterioro no se limita solo al ámbito personal; se extiende a la cultura más amplia de cómo valoramos la verdad y la honestidad en nuestra sociedad.
En el ámbito clínico o de relación con personas con diagnóstico de salud mental, estas estrategias son altamente lascerantes ya que situa al individuo en un desconcierto de su propia percepción de las cosas.
Es lamentable tener que afirmar, que esta práctica, está más que institucionalizada en dichos ámbitos, por una mera cuestión de comodidad del piadoso mentiroso, que elige el atajo para librarse de sostener una situación que puede resultarle laboriosa, claro, la ley del mínimo esfuerzo prima, además, siempre podrá negar la percepción del otro, dado que está dignosticado, claborando así a la cronificación de su deshasociego.
La Sociedad y su Aversión al Conflicto
Este fenómeno refleja una tendencia más amplia en la sociedad moderna: una aversión al conflicto y una preferencia por la comodidad emocional sobre la confrontación. Las plataformas digitales y las redes sociales, donde es fácil manipular la verdad y presentar una imagen idealizada de nuestras vidas, facilitan y a menudo recompensan esta evasión de la realidad. Sin embargo, el evitar conflictos a través de mentiras, aunque sea con buenas intenciones, solo pospone enfrentamientos necesarios, que a menudo son esenciales para el crecimiento personal y relacional.
Educación y Cambio: Hacia una Cultura de Honestidad
Fomentar una cultura que valore la confrontación saludable y el diálogo abierto es esencial. Esto implica educar sobre la gestión de emociones negativas y desarrollar habilidades comunicativas como la empatía, la escucha activa y la asertividad desde edades tempranas. Estas herramientas no solo enriquecen las interacciones personales sino que son vitales para una sociedad que aspira a ser más honesta y cohesiva.
Desenmascarando la Gran Mentira
Las mentiras piadosas, aunque frecuentemente vestidas de buenas intenciones, son en realidad una gran mentira que perpetúa la deshonestidad y el miedo al conflicto. Desenmascarar esta práctica no solo es crucial para la salud emocional individual, sino también para la integridad y madurez de nuestra sociedad. Aceptar y enfrentar la verdad puede ser doloroso, pero es el único camino hacia relaciones auténticas y una comprensión más profunda de nosotros mismos y de los demás.
La exposición y la sinceridad son los únicos caminos para generar confianza en el otro y construir relaciones basadas en la verdad.
Así, la gran mentira de la mentira piadosa debe ser confrontada con valentía, promoviendo un entorno donde la verdad no sea solo una opción, sino la base de todas nuestras relaciones.
Juan Darío Mercere García
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