
Los Normativos
Personalidades conformadas por las normas
En nuestro día a día, todos conocemos a alguien que parece vivir con un manual de reglas bajo el brazo. Estas personas, a quienes llamaremos «los normativos», organizan su vida y también quieren organizar la de los demás en torno a lo que está «bien» según las y sus normas.
Este tipo de comportamiento, aunque puede dar sensación de orden, a veces termina apagando el pensamiento crítico y creando ambientes llenos de juicios rígidos y poca empática. Aquí vamos a ver cómo se manifiesta esta actitud y qué impacto tiene en nuestra forma de convivir.
¿Qué son los normativos?
Los normativos son esas personas que se aferran a las reglas como si fueran la única forma de vivir. Por ejemplo, imagina a alguien que no deja que su hijo coma pizza en el desayuno porque «eso no es lo correcto», aunque el niño no tenga hambre a otra hora. Siguen las normas porque les hacen sentir seguros y organizados.
El psicólogo Erich Fromm habló de esto en su libro El miedo a la libertad. Decía que muchas personas prefieren que alguien o algo les diga qué hacer, en lugar de tomar decisiones propias y enfrentarse a la incertidumbre. Es como elegir una vida de «modo automático» porque da menos miedo.
Cómo actúan los normativos
Los normativos tienden a seguir las normas de manera tan estricta que a veces no se detienen a pensar si tienen sentido o si se adaptan a una situación. Por ejemplo:
- Critican a una persona por no vestirse «formal» en un evento, aunque esa persona esté cómoda y el evento sea relajado.
- Juzgan duramente a alguien por llegar cinco minutos tarde, sin considerar que tal vez hubo un tráfico terrible.
Según el filósofo Michel Foucault, en su libro Vigilar y castigar, las reglas no solo controlan lo que hacemos, también moldean cómo pensamos. Alguien que internaliza estas normas puede llegar a actuar como si fueran las únicas opciones posibles, sin cuestionarlas.
El problema con los juicios rápidos
Una de las cosas más difíciles de los normativos es que muchas veces juzgan sin detenerse a pensar en el contexto o las intenciones. Por ejemplo:
- Si ven a alguien usando su teléfono durante una reunión, podrían decir «es irrespetuoso», sin pensar que tal vez está revisando un mensaje urgente del trabajo.
- Si alguien toma un atajo para resolver un problema, podrían decir «eso no es lo correcto», sin valorar si la solución es buena o eficaz.
La psicóloga Carol Gilligan, en su libro In a Different Voice, sugiere que en vez de ver todo en blanco y negro, podríamos enfocarnos más en entender a las personas y sus situaciones. Esto haría nuestros juicios más humanos y menos estrictos.
El exceso de reglas ahoga la creatividad
Una sociedad con demasiadas normas puede ser como una jaula que no deja espacio para la creatividad ni la individualidad. El filósofo Zygmunt Bauman, en Modernidad líquida, dice que esta rigidez puede ser un gran problema en un mundo que cambia rápido. Si estamos demasiado ocupados siguiendo reglas, ¿cómo vamos a adaptarnos o a innovar?
Por ejemplo:
- Un jefe que insiste en que todo se haga «como siempre» podría frenar nuevas ideas que podrían mejorar el trabajo.
- Una escuela que penaliza a un niño por pensar diferente podría estar limitando su potencial creativo.
- Una persona que busca soluciones alternativas alejadas de las comunes será mirada como alguien «raro» aún por aquellos que izan la bandera de modernidad, libertad e inclusión.
¿Cómo cambiar esta mentalidad?
No se trata de romper todas las reglas, sino de aprender a cuestionarlas y decidir cuáles realmente valen la pena seguir. Esto empieza desde la educación. Paulo Freire, en su libro Pedagogía del oprimido, habló de enseñar a la gente a pensar críticamente, no solo a repetir lo que otros dicen.
Esto ayuda a que las personas se sientan dueñas de sus decisiones y puedan cuestionar lo que no les parece justo o lógico.
Algunos pasos prácticos para salir del pensamiento normativo podrían ser:
- Preguntarte «¿Por qué esta regla existe?», y «¿A quién beneficia?», antes de seguirla ciegamente.
- Escuchar más a las personas para entender sus razones, en lugar de juzgar rápido.
- Practicar la empatía y recordar que cada situación es diferente.
Resumiendo
Los normativos nos muestran cómo las reglas pueden ser útiles, pero también limitantes si las seguimos sin pensar. Para evitar esto, necesitamos encontrar un equilibrio entre respetar las normas y usar nuestro pensamiento crítico. Esto no solo nos hace más libres, también nos permite construir una sociedad más creativa y empática.
Como dijo Fromm: «La libertad no es algo que se nos da, sino algo que debemos conquistar». Para conquistarla, necesitamos aprender a cuestionar las normas y decidir cómo queremos vivir realmente y recordar hacerse la pregunta de ¿Quiénes son los que restringen la libertad y con qué sentido?
Juan Darío Mercere García
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